La leyenda de Casillero del Diablo

Todo empieza con Don Melchor de Concha y Toro y su esposa Emiliana Subercaseaux. En 1883 fundaron su viña en Pirque, en el Valle del Maipo, Chile. Con visión y ambición, Melchor importó cepas directamente desde Burdeos, Francia — Cabernet Sauvignon, Merlot, Sauvignon Blanc — e invirtió en tecnología de vinificación de vanguardia.

¿El resultado? Vinos excepcionales. Tan buenos que alguien los quería para sí ¿El problema? Las botellas que desaparecían

Don Melchor guardaba sus mejores vinos en un casillero personal, custodiado por una reja de hierro. Pero con el tiempo empezó a notar algo inquietante, sus botellas más preciadas desaparecían misteriosamente.

Los habitantes del lugar, habiendo escuchado sobre la calidad de esos vinos, no podían resistir la tentación. El casillero secreto ya no era tan secreto.

¿La solución? El rumor del Diablo

Cansado de las pérdidas, Don Melchor recurrió al folklore local. Difundió el rumor de que su bodega era custodiada por el mismísimo Diablo.

La gente de la época era profundamente supersticiosa. Cada sombra, cada eco, cada sonido en la oscuridad alimentaba la leyenda. Muy pronto nadie se atrevía a acercarse a la bodega.

De rumor a leyenda mundial

Lo que empezó como una medida de seguridad creativa se transformó en algo mucho más grande. La historia pasó de generación en generación, tomó vida propia y se convirtió en parte del imaginario popular chileno.

En 1966 nació oficialmente la marca Casillero del Diablo. Hoy es el vino chileno más vendido del mundo, presente en más de 137 países y representando el 41% de las ventas totales de Concha y Toro.

Un dato que me voló la cabeza

La bodega original donde Don Melchor guardaba sus vinos sigue en pie. Tiene más de 140 años y fue construida con cal, arena, clara de huevo y — según cuenta la leyenda — algo de sangre. Tiene una única puerta y resistió el paso del tiempo de manera impresionante.

Descorchando historias, copa a copa. 🍷

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