Semana del Bonarda: la otra gran tinta argentina que merece ser redescubierta
Del 1 al 8 de agosto se celebra en Argentina la Semana de la Bonarda.
Me pareció una muy buena excusa para hablar de una variedad que forma parte de nuestra historia vitivinícola, que durante años estuvo asociada a vinos más simples y de volumen, pero que hoy demuestra que puede dar vinos realmente extraordinarios.
La Bonarda.
Es la segunda variedad tinta más plantada de Argentina, solamente por detrás del Malbec. La Bonarda argentina no es italiana, el nombre puede llevarnos inmediatamente a Italia, pero la Bonarda que cultivamos en Argentina tiene otro origen.
Durante mucho tiempo existió cierta confusión alrededor de su identidad. Hoy sabemos que nuestra Bonarda corresponde genéticamente a la variedad Corbeau, también conocida como Douce Noire, originaria de la región de Saboya, en Francia, muy cerca de la frontera italiana.
Llegó a nuestro país con las corrientes inmigratorias de finales del siglo XIX y encontró especialmente en Cuyo un lugar ideal para desarrollarse.
Durante muchísimo tiempo fue utilizada principalmente para elaborar vinos tintos de consumo cotidiano dado que es una variedad que puede ofrecer buenos rendimientos, aporta mucho color y también funcionó históricamente muy bien como componente de vinos de corte.
¿Cómo es un Bonarda?
Si nunca probaste uno, es una variedad que vale la pena descubrir. En términos generales encontramos vinos de colores intensos, con tonalidades violetas y púrpuras cuando son jóvenes.
En nariz suele aparecer mucha fruta: Frambuesas, cerezas, frutillas y ciruelas, junto con frutas negras como moras o arándanos.
Pero quizás una de las características que más me gusta de la Bonarda aparece en boca. Suele tener taninos bastante amables, buena fruta y una frescura que la hace muy fácil de disfrutar, ahí también está parte de su versatilidad.
Un Bonarda joven puede ser un vino perfecto para acompañar unas empanadas, una pasta con boloñesa o, por supuesto, una buena parrilla.
Una de las cosas más interesantes que está pasando con esta variedad es justamente comprobar hasta dónde puede llegar. Hoy existen productores que elaboran Bonardas con mucha mayor concentración, complejidad y potencial de evolución.
Un ejemplo que me gusta especialmente es Nicola Catena Bonarda.
Es un vino que muestra una cara completamente diferente de la variedad: más profundidad, elegancia y estructura, pero sin perder esa identidad frutada característica de la Bonarda.
Del 1 al 8 de agosto: una semana para volver a mirarla
¿Cuál fue el mejor Bonarda que probaron?
Descorchando historias, copa a copa 🍷