Hay una palabra que últimamente está de moda y que, después de conocer Casa Vigil, me parece perfecta para describirla: Casa Vigil tiene aura.
Es difícil explicar exactamente qué es. No es solamente la bodega, los vinos o la comida. Es la combinación de todo eso con el lugar, la música, la gente y, principalmente, la sensación de que nadie tiene apuro. Llegás y antes de sentarte ya te están esperando con una copa de vino. Blanco o tinto, vos elegís. Y ahí empieza la experiencia, una casa antes que una bodega
Casa Vigil está en Chachingo, Maipú, y es uno de esos lugares donde rápidamente entendés que la experiencia no sucede solamente alrededor de una mesa. Mientras esperás que te acompañen, podés empezar a recorrer, hay viñedos, jardines y glorietas donde sentarte o simplemente caminar con la copa en la mano.
También está la calicata, un corte realizado en el suelo que permite observar sus diferentes capas y composición. Para quienes estamos aprendiendo sobre vino, verla ayuda a llevar a algo concreto eso que tantas veces escuchamos cuando hablamos de suelo y terroir.
Casa Vigil nació en el quincho familiar de Alejandro Vigil y María Sance, donde recibían pequeños grupos, cocinaban con productos de su huerta, servían sus vinos y compartían la mesa.
Con el tiempo aquella experiencia creció hasta convertirse en lo que conocemos hoy, pero, al menos desde mi experiencia, hay algo de aquel espíritu original que todavía permanece.
Del Infierno al Paraíso
Para entender Casa Vigil también hay que conocer otra de las grandes pasiones de Alejandro Vigil: La Divina Comedia de Dante Alighieri.
Todo el lugar está atravesado por esa obra, el recorrido recrea, a su manera, el viaje de Dante por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. El Infierno aparece representado en una cava subterránea llena de barricas y obras de arte. El camino continúa hacia el Purgatorio y finalmente llega al Paraíso, donde la luz, los vitrales, la naturaleza, la comida y, por supuesto, el vino cambian completamente la escena.
Cuatro Gran Enemigo sobre la mesa
Para el almuerzo elegimos la Experiencia Gran Enemigo, sobre la mesa aparecieron cuatro botellas:
Gran Enemigo Chacayes 2019.
Gran Enemigo Agrelo 2019.
Gran Enemigo El Cepillo 2020.
Gran Enemigo Gualtallary 2020.
Cuatro vinos, cuatro lugares diferentes y una oportunidad espectacular para probarlos uno al lado del otro. Más allá de cuál pueda gustarnos más, hay algo muy interesante en poder comparar cómo una misma idea de vino puede expresarse de manera diferente según su origen. Elegimos acompañar los Gran Enemigo con un menú de tres pasos.
Arrancamos con unas empanadas fritas que estaban espectaculares, después llegó el principal: ojo de bife con huevo frito y tomates confitados, para cerrar, unos macarons que fueron el final dulce de la experiencia. Pero si tuviera que elegir qué fue lo que más disfruté del almuerzo, probablemente no sería solamente un plato o uno de los vinos, fue el tiempo, acá nadie te apura, podés levantarte de la mesa, salir a caminar por el parque, recorrer nuevamente el lugar, mirar algún rincón que te quedó pendiente, volver, servirte otra copa, seguir comiendo.
Como si a la experiencia le faltara algo, hubo una yapa.
Alejandro Vigil estaba ahí, pudimos conversar un rato con él y sacarnos una foto, quizás parezca simplemente una anécdota, pero termina siendo coherente con todo lo anterior, porque estás tomando sus vinos, recorriendo un lugar construido alrededor de su historia, descubriendo referencias a Dante por todos lados y, de repente, aparece él caminando por su propia casa y charlando con quienes están ahí. Un gran cierre.
Ahora entiendo por qué se llama Casa Vigil
Cuando uno piensa en algunas bodegas que visitó, suele recordar un vino, una arquitectura determinada, una cava o un paisaje, cuando pienso en Casa Vigil, recuerdo otra cosa, cómo me sentí, desde esa primera copa mientras esperábamos hasta las cuatro botellas de Gran Enemigo sobre la mesa. Desde las empanadas hasta la guitarreada, desde caminar entre los viñedos hasta encontrarnos con Ale.
Descorchando historias, copa a copa 🍷