¿Sabías que el vino puede tener 3 tipos de aromas?
Lo que sentís cuando acercás la copa a la nariz. Cada aroma tiene un origen distinto y cuenta una parte de la historia del vino.
Entender de dónde viene cada uno cambia completamente la forma en que disfrutás una copa.
Aromas Primarios — Los de la uva y el terroir
Son los más frescos y directos. Vienen de la uva misma y del lugar donde creció — el suelo, el clima, la altitud. Los reconocés enseguida: frutas, vegetales, minerales.
Pensá en fresas, frambuesas, hierbas frescas, piedra mojada. Todo lo que te recuerda a algo vivo y natural.
Aromas Secundarios — Los de la fermentación
Acá entra el trabajo del enólogo. Durante la fermentación, las levaduras transforman el azúcar en alcohol y en el camino generan nuevos aromas que no estaban en la uva.
Pan recién horneado, manteca, lácteos. Aportan complejidad y carácter — ese algo más que hace que una copa sea interesante.
Aromas Terciarios — Los de la crianza
Son los que aparecen con el tiempo — en barrica o en botella. Los más profundos y evolucionados.
Chocolate, café, frutos secos, tabaco. Son la firma del tiempo sobre el vino. Una huella que solo aparece cuando se le da la paciencia que merece.
Y cuando los tres están presentes… se llama Bouquet ✨
Cuando un vino presenta aromas primarios, secundarios y terciarios al mismo tiempo, esa combinación se conoce como bouquet. Es una señal de complejidad y evolución — el vino habla de su uva, de su fermentación y de su crianza en una sola copa.
La próxima vez que descorches una botella, detente un segundo antes del primer sorbo. Cerrá los ojos. Y tratá de descifrar de dónde viene cada aroma.
Descorchando historias, copa a copa. 🍷