Hay algo que hacemos incluso antes de probar un vino: empezamos a juzgarlo. Miramos la botella, la etiqueta, su peso… y también cómo está cerrada.
Si tiene un buen corcho, pareciera transmitir calidad. Pero si encontramos una tapa a rosca, todavía hay quienes automáticamente piensan: “Debe ser un vino barato.”
Durante mucho tiempo asociamos el ritual de abrir una botella de vino con sacar un corcho, y, de alguna manera, también terminamos asociando ese corcho con calidad. Detrás de algo aparentemente tan simple como la forma de cerrar una botella hay bastante más de lo que parece: El corcho y una tradición de siglos, es difícil separar al vino del corcho. Cortar la cápsula, colocar el sacacorchos y escuchar ese pequeño sonido cuando finalmente sale forma parte de un ritual que muchos disfrutamos. El corcho natural tiene características que explican por qué lleva siglos acompañando al vino. Es flexible, liviano, renovable y puede mantener una botella correctamente cerrada durante largos períodos. Pero también tiene sus desafíos, uno de los más conocidos es el famoso “olor a corcho”.
¿Qué significa que un vino tenga olor a corcho?
Aunque solemos llamarlo así, no significa que el vino tenga gusto al pedazo de corcho que estaba dentro de la botella, uno de los principales responsables es un compuesto conocido como TCA, cuando un vino está afectado, puede perder buena parte de su expresión frutal y aparecer aromas que recuerdan a humedad, cartón mojado o un ambiente cerrado. Lo frustrante es que podemos tener dos botellas exactamente del mismo vino y encontrarnos con que una está perfecta mientras la otra presenta este defecto.
Entonces apareció la tapa a rosca
Aunque todavía pueda parecernos algo moderno, la tapa a rosca lleva décadas utilizándose en el mundo del vino. Países como Australia y Nueva Zelanda fueron dos de los grandes impulsores de este sistema y comenzaron a adoptarlo de manera masiva. Distintas investigaciones sobre sistemas de cierre demostraron que la tapa a rosca puede ofrecer una entrada de oxígeno muy baja y, sobre todo, consistente entre una botella y otra, esto permite conservar muy bien la frescura y determinadas características del vino.
¿Un vino con tapa a rosca puede envejecer?
Sí, y probablemente este sea uno de los mayores prejuicios alrededor de este tipo de cierre, tener una tapa a rosca no significa automáticamente que el vino deba beberse joven. Los estudios realizados durante años comparando diferentes sistemas demostraron que los vinos pueden evolucionar correctamente bajo tapa a rosca, ojo, esto tampoco significa que sea un sistema perfecto. Un ambiente con muy poco oxígeno puede favorecer en algunos vinos la aparición de aromas llamados reductivos. Simplificando mucho, son aromas que pueden recordar al fósforo, caucho o ciertos compuestos azufrados.
¿Cambia nuestra percepción?
Probablemente para muchas personas todavía sí, durante años aprendimos, casi sin darnos cuenta, a interpretar determinadas señales antes de probar un vino: Una botella pesada, una cápsula elegante y un corcho largo parecían anticiparnos que estábamos frente a algo especial. Pero ninguna de esas cosas puede decirnos realmente qué vamos a encontrar cuando sirvamos el vino en nuestra copa. Hoy podemos encontrar grandes vinos cerrados con corcho y grandes vinos cerrados con tapa a rosca.
Por eso, la próxima vez que encuentres una botella con rosca, antes de pensar “debe ser un vino barato”, quizás haya una pregunta mucho más interesante: ¿Por qué el productor eligió este cierre para este vino? La calidad no está en el corcho ni en la rosca, está en el vino. No juzgues un vino por su tapa.
Descorchando historias, copa a copa 🍷